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 LA MUJER DEL CAZADOR.

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LOBACO
Homo erectus
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MensajeTema: LA MUJER DEL CAZADOR.   Vie 04 Oct 2013, 23:04

Al intuir que despunta el día abre los ojos,  tras comprobar que de nuevo está sola lleva amorosamente la mano a su mejilla para intentar atrapar el beso que  antes de marcharse le dejo prendido con la mayor  de la ternura que un corazón montuno es capaz de entregar a la hora de salir de caza.

                                                                              LA MUJER DEL CAZADOR.
Un par de sacudidas le bastan para componer el desorden que la almohada dejó en sus cabellos y para alejar de una tacada los girones del sueño que pudieran quedar rezagados en su mente. Mientras se sienta al borde de la cama atrapa su melena en una pequeña coleta y pone un pie en el suelo para incorporarse,  serán los  únicos gestos que le hacen falta para tomar un punto de apoyo y comenzar a mover el mundo como lo llevan haciendo durante miles de años todas las de su género.
Mientras camina hasta el baño para terminar de acicalarse con coquetería repasa las huestes que forman su Reino, nada puede estar al azar , cualquier desperfecto sería una falta grave de disciplina, una silla mal colocada o un cojín fuera de su sitio recibiría una  pronta corrección de su férrea voluntad.
Pero antes abre la portilla del hogar para avivar los rescoldos con un vetusto hierro y así disfrutar del calor más sano que hay. Nada calienta mejor que un buen leño traído del monte en primavera cuando el campo saluda de nuevo a la vida y la vida se enamora de nuevo del campo, cuando las hembras preñadas son una promesa de futuro y el vuelo de las  aves que regresan una de libertad.
Las brasas chisporrotean  molestas por la intrusión , no saben que su incandescente belleza es efímera,crujen, bullen y saltan queriendo escapar. Una fuente de barro con el propósito de concebir un suculento asado reposa en la parrilla esperando a que el calor comience por obrar el milagro de extraerle los suculentos jugos y los maravillosos efluvios que atesora en su interior.
Su aletargada hermosura revivirá de nuevo tras dos  manotadas de agua helada y la ayuda de un simple cepillo. Un café sienta a estas horas de maravilla lejos de ahogar las penas lo sorbe con deleite y satisfacción disfrutando cada minuto de la soledad que le brinda la ocasión, porque hombre partió de caza.
Fuera hace frío como corresponde a esta época del año, un frío atroz que hiela las aguas más puras y vuelve las hojas del revés. Los pájaros han comenzado a desperezarse bullendo ateridos de un lado a otro sin poner demasiado empeño. Mira por el cristal de la ventana y una vez más no comprende cómo alguien pueda salir por gusto con esta temperatura.
Pasea por el salón donde están expuestos todos y cada uno de los recuerdos de su vida y los trofeos de  Él. Se ha levantado un ligero vientecillo que sin duda hará más insoportable el estar caminando fuera, pero su hombre no lo siente, ella lo sabe pero sufre del mismo modo.
Sufre porque sufrir es privilegio de mujeres bravas de las que son esposas y de las que son madres. Sufre como sufre cuando el aguardo se retrasa porque nunca se sabe, que de noche todos los gatos son pardos. De nada valen sus anhelantes mensajes en las frías y largas noches invernales, cuando el frío después deja de sentirse para terminar siendo dolor:
–¿Ya vienes?- - Te vas  a quedar helado ahí arriba-
El los recibe con orgullo y no puede evitar un sentimiento de culpa que sin duda desaparece cuando llega a casa y tumbándose a su lado la estrecha fuertemente para hacerse sentir. Ella siente su frío y su dolor desde la distancia, lo siente como suyo porque es esposa, madre y mujer.
-Maldita sea la caza-.Una y mil veces la maldijo y a pesar de ello con ella vive desde hace muchos años ya. No puede comprender que tiene el monte para atrapar así a quién tanto la ama, para arrancarle de sus brazos en fechas señaladas, para privarle del placer de despertar a su lado.
Ahora el viento es más fuerte, viene del norte y puede que traiga nieve, sabe arreglárselas solo pero aún así tiene el corazón un tanto desazonado, a veces es demasiado audaz, pudiera ser que demasiado temerario.
Al fondo del salón en una vitrina la foto del hijo que también caza, siguiendo la senda que su padre le marcaba bebió de las fuentes y sudó camisa y pellica mucho antes de ir a la escuela. En ella se formó para ser arquitecto pero la verdadera esencia de la vida la aprendió en otra parte, el espíritu de sacrificio, la honestidad, la humildad  y la dureza no se aprenden en los libros, puede que en algunos estén escritas pero a vivir se aprende viviendo intensamente es decir cazando.
Caminó mucho tiempo tras las huellas de un gigante y terminó por ser gigante también. Para ser cazador no precisó otra cosa que amar la naturaleza e integrarse en ella, matar por la necesidad de comer y respetar a la presa vencida, por instinto, con pasión y con toda la grandeza que aprendió de sus padres .
Ha reparado en su foto y se palpa el vientre que en su día fue bondadoso y le entregó la generosidad de crear una vida a partir de la suya entre los dos comenzaron la nueva historia, algo mucho más grande que el mundo y más precioso que todas las joyas y cuando nació  estaban juntos para recibirlo.
Con su propio cuerpo lo cubrió, lo alimento y no puede evitar que las lagrimas afloren en sus ojos al recordar el primer instante en que su hijo mientras mamaba clavo su mirada en ellos, tampoco puede olvidar todas y cada una de las cosas que sin palabras se dijeron que sin duda fueron muchas. Tantas como para llenar varios libros.
Hoy día tiene los amorosos brazos de otra mujer a su alcance, un cuerpo que lo ama aunque de otra manera y lo protege porque es mujer como ella. Aún recuerda la primera noche que la conoció y lo maleducada que estuvo con la muchacha, se llevaba a su hijo del alma y no pudo hacer nada por evitarlo. El remordimiento y los celos la atormentaron por igual hasta que llego él día con su imponente luz, un humeante y negro café y una conformista reflexión a solas  le hizo ver las cosas de otra manera, su marido estaba de caza alegre de que su hijo tuviera una compañera.
Como se temía la nevada ha hecho acto de presencia, blanquísimos y algodonosos copos caen suave y silenciosamente sobre la cáscara de la tierra, como si no quisieran despertarla del letargo invernal que es la antesala de la esperada primavera. Se alegra sobremanera de que así sea no por el espectáculo, que  es hermoso como lo es ella sino porque el cazador con nieve no caza, recoge sus bártulos y hasta otro día, algunos lo llaman “Días de fortuna” él  sencillamente prefiere llamarlo ética.
Embelesada por la magnitud de la belleza expresada en forma de nieve, nieve blanca y pura tan brillante que deslumbra y tan querida por su hijo en la niñez. Se regocija contemplando toda esa belleza que la Madre Tierra a tenido a bien ofrecerle solo para ella. Sin querer evoca tiempos que por ser pasados no volverán, tiempos felices que han quedado atrás para siempre. Suspira hondamente y una lágrima redondea su carrillo para caer sin prisa en su regazo. Quizá no haya quedado toda esa dicha  atrás ya sin remedio, tal vez un día no lejano su hijo tenga a bien sembrar el vientre de su esposa y entre los dos renueven esa olvidada alegría con la promesa de una nueva vida.
Ya se oye el motor de coche, ya está aquí el torbellino de perros, prisas, escopetas y abrigos mojados, conoce la  ceremonia de la llegada.
Primero entrarán los perros sacudiéndose y poniéndolo todo perdido, intentarán subirle encima y lamerle la cara porque son perros y porque la quieren tanto que darían su vida por ella.
Después el hombre de la casa recortará su altiva figura sobre la puerta y le saludará con un abrazo y un beso, entrará con las botas llenas de barro directo al refrigerador en busca de un trago y comenzará el tedioso relato de la cacería.
Luego hay que secar la escopeta cuanto antes no se vaya a oxidar, tiene casi veinte años y parece nueva por los cuidados y el mimo con que la trata.
A todo esto habrá que añadir el coche llevará barro hasta las manillas de las puertas  y que él se negará a limpiarlo porque dice que esa tierra es de su pueblo y la tierra es lo más sagrado que hay, lo único que perdura.
Ella pasará por alto la suciedad que traen los perros consigo porque son parte de la familia, permitirá que se echen al calor del hogar porque mil veces prefiere trabajar limpiando que verlos ateridos en el garaje.
Luego recibirá solicita y amorosa los arrumacos tan esperados y escuchará con atención pero sin hacer caso alguno todas y cada una de los lances que su hombre puesto en pie braceando, adoptando las posturas más peregrinas le relatará con ardor y sin necesidad.
Sin contar que aunque ponga cuidado siempre queda aquí o allí alguna sucia bayeta o algún archiperre empapado de aceite especial para el cuidado de las armas.
El siempre vuelve derecho a casa porque prefiere el calor de hogar con su mujer al griterío y la fanfarronada del bar del pueblo. No necesita demostrar lo buen cazador que es mostrando su abultada percha, ni precisa dar explicaciones cuando se niega a tirar las perdices cuando han criado mal y no quiere ser cómplice de su anunciado genocidio.
terminar una jornada le sobra con compartir los lances con su adorada esposa aunque sabe que a ella la caza no le da ni frío ni calor.  Y si finalmente se deja caer por el bar del pueblo lo harán juntos porque les importa poco lo que la gente pueda llegar a pensar.
A estas horas los cálidos aromas que escapan a la tranquila incandescencia del hogar anuncian que el asado está casi listo, Él lo preparo esta mañana antes de salir, carne de jabalí cazado con sus manos y astucia. Esperando a la luz de la  luna y al abrigo del gélido viento, buena lid como corresponde.
Preparado con el mimo y el saber de la buena gente del campo, receta personal que aprendió ya ni sabe dónde ni de quién. Con hierbas aromáticas, vino y muchas horas de cocción.
Hoy es Domingo y su mujer no cocina, sobre todo cuando la lumbre bondadosa en calor y hermosura brinda la posibilidad de un buen asado a  la vieja usanza. Desaprovechar la ocasión sería casi una herejía.
Comerán juntos hablando de cosas pueriles o trascendentales, saboreando todos y cada uno de los finos matices que tiene la buena carne de caza, y serán ricos, millonarios, aunque tengan tres hipotecas y tengan que hacer piruetas para llegar a fin de mes.
No necesitan más para ser felices.
Para que si se tienen el uno al otro.
Y en el ambiente se respira el aroma de la auténtica caza.
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dunkloe
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MensajeTema: Re: LA MUJER DEL CAZADOR.   Sáb 05 Oct 2013, 11:16

Hola lobaco no se a que te dedicas, pero escritor te va que "niquelado", si cazas igual que escribes debes ser un maquina.

Debes de tener a la jefa contenta.

Salut y gracias por el texto
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LOBACO
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MensajeTema: Re: LA MUJER DEL CAZADOR.   Dom 06 Oct 2013, 13:13

Gracias DUNKLOE por desgracia no soy escritor mi trabajo está mucho peor pagado y es mucho más exigente y peligroso.
Esto de contar historias reales o ficticias es una faceta mía que termino de descubrir y en la que voy ahondando poco a poco.
Cazar cazo mucho aunque matar mato poco pero me llena porque al fin y al cabo de eso se trata de disfrutar haciendo poco estrago.
Mi mujer estará contenta hasta que vuelva a salir de caza, la semana que viene se levanta la veda y entonces habrá mayor y menor todo un lujo para mí y un quebradero de cabeza para ella.
Celebro que te haya gustado lo escribí para "mí" otro foro pero como ha gustado mucho decidí compartirlo con vosotros también.
UN saludo a todos.
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eduardopaladin
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MensajeTema: Re: LA MUJER DEL CAZADOR.   Miér 13 Nov 2013, 02:25

No me gusta mucho eso de los poemas, pero si el tuyo es uno te ha quedado bien.
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LOBACO
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MensajeTema: Re: LA MUJER DEL CAZADOR.   Mar 19 Nov 2013, 16:52

Gracias compañero, no es realmente un poema pero algo si tiene lo sé porque tú lo ves.
Saludos.
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